Lunes, 19 2020 Octubre

"Uno no quiere que la eucaristía termine", dice el padre Iván, un enamorado del Señor y la Virgen María. "Uno no quiere que la eucaristía termine", dice el padre Iván, un enamorado del Señor y la Virgen María.

Sacerdote Salesiano, santo, la meta del padre Iván para su vida al servicio de Dios

Escrito por  Jun 04, 2020

Por: Maria Londoño

Cuando le pregunto qué lo inspiró a ser sacerdote, pareciera que le hubiese contado un chiste, suelta una carcajada que, con seguridad se escuchó en las habitaciones de los demás presbíteros. Después de un instante y con una mirada de asombro responde “todavía no he podido creer que yo sea sacerdote, habiendo gente con tanta capacidad, de tantas posibilidades y que yo sea sacerdote, yo me pongo a mirarme y no creo”.

“Yo nunca le dije a nadie que quería ser sacerdote, nunca por ningún momento me asomó que quería ser sacerdote”, pero a muy corta edad parecía irse encaminando por esta vocación “yo tenía 10 años, iba para la escuela, cuando me encontré una estampita de Fray Domingo con una oración a la Santísima Trinidad; al padre, al hijo y al espíritu santo y todas dicen concédeme la gracia que te pido. Yo empecé a hacer esa oración sin saber cómo, ni por qué, y cuando se dice concédeme la gracia que te pido yo no pedía nada porque yo no sabía qué pedir".

Relata que al poco tiempo de encontrarse la estampita fue un sacerdote a la escuela, y aprovecha para decir “que importante es la visita del sacerdote a las escuelas”, luego continua: “en un momento determinado estando hablando con nosotros, preguntó quiénes quieren ser sacerdotes y yo levante las dos manos, yo no sé por qué, porque yo ni sabía. Y dijo, usted se pone a la orden para ir al seminario, y yo dije bueno, cuándo será y cómo será, porque primero yo no manejaba un peso y yo no sabía caminar en Medellín”.

El tiempo pasó y el seminario aún no era una realidad hasta que entró a trabajar como jardinero y la dueña de la casa le dijo “Iván usted quiere acompañarme a rezar el trisagio. Un sol como el que estaba ese día y me dijo que, si me iba a ir a rezar con ella a la sombrita, dentro de la casa, con la jefa. Claro, ahí mismo. Después que rezamos el trisagio, me dijo: Iván a usted le gustaría ir al seminario, yo lo ayudo. Ahí están todas las puertas abiertas, el padre que me invita al seminario y ella que me dice yo lo ayudo. Estuvimos allá en el seminario en Buenos Aires Vergel”.

“Y ahí me dijeron no, usted aquí no, usted tiene es vocación de misionero”. Con los Salesianos en Rionegro vivió un año   de experiencia, hasta que “un día sin más, me dije yo, cómo no para el seminario, yo quiero ser sacerdote. Me fui y hablé con el sacerdote Fernando Peraza, el superior de los Salesianos y le dije padre me quiero confesar y después de que me confesé, le dije padre yo quiero ser sacerdote y me dijo, lo vamos a ayudar, y me pusieron unos filósofos para prepararme para el seminario”.

Un año después, en 1964 ser parte del seminario se convirtió en una realidad “para el seminario con los Salesianos, encantado de la dicha, de la vida, con una meta concreta: sacerdote salesiano, santo, tres palabras que debíamos llegar a ser”. Moviendo sus manos, riéndose como lo hace casi siempre que predica en el templo, sin importarle que tantos feligreses haya, menciona “fueron años felices, de gozo en el seminario, formación salesiana para la juventud pobre y abandonada, para trabajar en colegios. El fin es servirle al Señor donde el Señor le muestre a uno”.

Salida del seminario por la muerte de su padre.

 “En el año 1967 murió papá y me tocó salir a trabajar en lo que fuera”. De la nada suelta una carcajada y sigue “pero no sabía hacer nada, primero me mandaron a la acción comunal a hacer zanjas  con pica y pala, luego me dieron el trabajo en almacenes J.J como bulteador y carretillero, de ahí me fui para Cali”, entre risas dice “me engañaron, me dijeron que había un puesto de supervisor y que me iban a dar el puesto y cuando llegué me dijeron no hay puesto sino de ayudante de carro, entonces me pusieron a vender y transportar helados en carro, luego volví a Medellín, allí trabaje en almacenes autolarte como cobrador en bicicleta”.

Todos esos años usando la bicicleta como medio de transporte le sirvieron de entrenamiento para convertirse en uno de los mejores deportistas, y no precisamente en el ciclismo, “me entregue al atletismo, corrí con lo mejor de Antioquia y Colombia por la superliga departamental de atletismo y como si estuviera en una carrera por el primer lugar empieza a mencionar las glorias con las que tuvo la oportunidad de competir “Mora, Tibaduiza, Vanerech” … Se alcanza a percibir algo de orgullo mientras cuenta. “Cuando estaba en el seminario nadie era capaz de ganarme, yo les ganaba a todos en el atletismo, en las competencias en Medellín, gané en varias ocasiones, hasta que me cogió el problema de las amígdalas y no volví a ganar”.

El fútbol también ocupa un lugar importante en la vida del padre Iván, y quizás esta sea una de las razones de donde proviene el gusto por el rojo, “jugué fútbol con todo el gusto por la Federación de Antioquia, ocupé un puesto muy importante, me llamaron de residencias full y de reservas del Medellín, pero preferí el trabajo en autolarte como vendedor, distribuidor de carros y ahí estuve hasta que crecieron mis hermanos y empezaron a trabajar”.

De nuevo para el seminario.

Reitera que de niño nunca pensó en ser sacerdote, “pero yo tenía esa experiencia con el señor guardada”. Sus hermanos notaron   la vocación en él y rezando el rosario en familia le dijeron que si quería volver al seminario ellos se hacían cargo de la casa para que pudiera continuar con sus estudios. Mientras tanto “yo seguía con mis oraciones como de costumbre”.  

“Esa noche que mis hermanos me dijeron que se hacían cargo de la casa, ahí mismo me subí para mí habitación, cogí la caja de encima del escaparate donde tenía los libros. Con telarañas, los olí y dije seminario, seminario, de nuevo al seminario”.

A la propuesta de sus hermanos de hacerse cargo de la casa, se sumó la de un señor que me dijo si desea volver al seminario yo le ayudo “y me ayudó, me dio una carta para monseñor Alfonso Uribe, para que me aceptara en el seminario y nunca me negó durante 7 años todos los auxilios y del seminario sólo me interesó la pensión nada más. Nunca tuve dinero para mí, lo pasajes me los daban mis hermanos, así terminé mis estudios sin ningún inconveniente”.

Experiencias que lo han marcado antes y después del sacerdocio.  

Se queda pensando por un momento y como si viajara hasta la época de su niñez, con la mirada hacia lo alto  dice “de niño, muy pequeño el señor me habló, se me presentó el Señor y me dijo por el nombre Iván te vas o te quedas, estaba en una enfermedad muy grande y el Señor se me presentó así tal cual, y yo que iba a saber, y yo me puse fue a ver a Dios, a ver cómo era Dios, se me presentó en imagen completa, concreta de Jesús”.

Cantar, bailar, dicen sus compañeros que hacen parte de sus hábitos diarios. Quizás es una forma de alabar a  la madre celestial por los dones recibidos “se me apareció la Virgen, tal como me habían dicho, y todo el día esperando para ver la Virgen  y se me apreció en sueño y cuando me tire a abrazarla me desperté  y ahora el programa es verla en  vivo y en directo, mí afán es hablar con Dios, porque es que Dios me habla mucho, pero una cosa es que él le hable a uno y otra es que uno hable con Dios".

 “Cuando  me pegaron una puñalada yo nunca pensé que yo seguía viviendo,  sino que yo iba a morir y para mí fue el momento más extraordinario de mí vida, encontrarme ya con el Señor, yo estaba haciendo una fiesta pero grande porque me iba”,  empieza a reírse a  carcajadas y dice “resulta de que no, y resulta que el Señor me dejó unos días más y desde ese momento yo empiezo a mirar la vida como cada día un regalo más  para un mejor vivir”.

Con tanta pasión ha vivido sus más de 40 años de sacerdocio  que aún no descifra lo que más le gusta de su vocación “todavía no sé, porque todo lo del sacerdote es la vida de Cristo, todo me gusta, si es para dar un retiro es un don de Dios, es una gracia; si es confesar y la persona esta arrepentida,  eso es una fiesta; participar de la eucaristía, eso no tiene comparaciones con nada cuando el Señor le da regalos a uno en la eucaristía".

“Uno no quiere que la eucaristía termine. De hecho, a uno le toca terminarla, uno quiere quedarse en la eucaristía porque ya está con él, qué más va querer… Si por uno fuera se sienta cómodo bien a lo bien a estar con el Señor, porque es que esta con él… Le dice uno al Señor en la noche conversamos más en forma porque ahora tengo que irme”.

Siempre se cuestionaba cuál sería el modelo a seguir cuando fuese sacerdote y con total convicción dice, “no hay otro modelo que Jesús, él nos va mostrando, de tal manera que en mi vida siempre ha habido un principio misionero acompañado con canto” y culmina entonando una estrofa “misionero el rey del cielo, traigo un mensaje de paz y amor".

 

Editor DesdeGranada

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