Viernes, 23 2020 Octubre

Ninguna de las pruebas que ha enfrentado Esteban, le ha quitado las ganas de seguir apostando por la vida. Ninguna de las pruebas que ha enfrentado Esteban, le ha quitado las ganas de seguir apostando por la vida.

Una vida llena de milagros

Escrito por  Jun 09, 2020

Esteban es un niño inquieto. Diariamente se ve pasar a recibir clases en la escuela Jesús María Yepes, tiene unas medias de color azul oscuro, zapatillas negras, unos mochos de tela dril del mismo color de las medias, camisa de color claro, y su motilado es clásico. Me parece verlo pasar, lo tengo en mi mente. Casi 20 años después, tengo esa imagen de él, no se me puede borrar. Lo tengo en mis recuerdos como si hubiera sido hoy en la mañana. 

Pero no solo tengo esa imagen de él, también lo veo recorriendo el atrio del templo parroquial los fines de semana, precisamente los días sábados porque se pasa de fastidioso en la catequesis parroquial, pues tiene mucha cercanía con los curas y seguro eso le da para ser tan confianzudo. Al menos así lo percibo yo.

Me imagino que, así como varias catequistas lo quieren, otras deben de pensar en sus adentros la famosa frase “se lo aguantara la mamá”. 

Pero no lo juzguemos todavía, dejémoslo crecer y conozcamos su historia. 

El primer milagro 

Dios pone pruebas a sus hijos y por medio de estas les demuestra su grandeza. Solamente el que resiste, el que decide triunfar, puede dar fe de ese amor. Aquí pierde el valor aquel que se queda a medio camino. Todas las pruebas son como si se tratara de un hijo al que su papá le enseña que la vida no es fácil y que hay veces en que los humanos necesitamos que nos reprendan duramente. 

Jairo era un cotero, aseador de carros, ayudante y chofer reconocido en su pueblo. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre alegre y jocoso. Sembró en sus hijos la disciplina y el trabajo, por eso, para su hijo Esteban, él era como un imán al que el hierro tiene que estar siempre pegado. De Jairo, Esteban heredó la alegría y la facilidad para relacionarse con los demás. A eso se debe que, en cada calle de su pueblo, encuentre a un amigo al que le puede hacer un chiste, invitar a un café o pedir un favor.  

Un par de meses antes de Esteban cumplir 6 años fue testigo de un acto que marcó para siempre su vida. Un viernes mientras acompañaba a su papá en la estación de gasolina donde aseaba el carro en el que trabaja, Jairo escuchó la noticia que en su pueblo algo malo iba a pasar. Ya se han registrado varios actos de guerra, los grupos armados han tenido varios enfrentamientos con la fuerza pública, no es nada raro que en cualquier momento toque escondernos. 

Mientras estamos sentados en la pieza de la casa de Esteban, tomando un chocolate que nos preparó su esposa, recordamos, aunque éramos unos niños, la actividad que estábamos haciendo esa mañana del mes de noviembre del 2000.

Todos, concluimos que en ese momento estábamos jugando. Pero Esteban no, ni tampoco estaba vestido con las medias de color azul oscuro, zapatillas negras, mochos de tela dril del mismo color de las medias y camisa de color claro. Pues ese día estaban reunidos los docentes en el foro educativo y por eso no había clase.

Esteban recuerda que su papá ese día, en aquella estación de gasolina se acercó al teléfono público más cercano que encontró, quería llamar a su señora para alertarla y así proteger el resto de su familia, mientras tanto él cuidaría de su vida y la de Esteban.

Desgraciadamente la guerra del país, se llevó la inocencia de muchos niños. Pero todos, directa o indirectamente, hicieron parte. Unos que nacieron y crecieron, otros llorando sus familiares, otros que forzadamente tuvieron que ir a formar parte de ella. 

La esposa de Jairo no alcanzó a contestar bien el teléfono, porque en el momento en el que se disponía a hacerlo, unos hombres extraños llegaron a la estación de gasolina donde él estaba y dispararon contra todo lo que se movía. Esteban y otras personas mayores, milagrosamente lograron sobrevivir para contar lo que hoy se convierte en uno de los actos más sangrientos que se cometió en esta zona. 

Aunque esos extraños pensaron hacer quien sabe qué con él, finalmente decidieron dejarlo seguir viviendo.   Después de varias horas en las que se escuchó el sonido de las balas, se vio correr por las calles un niño; era él. A su papá, junto con otras 18 personas más les quitaron la vida. 

Desde ese momento, su vida no fue igual, pues la tranquilidad que le daba estar al lado de su padre, se la quitaron. En los recorridos que hacía a la escuela, o para ir a la sagrada eucaristía, siempre eran esas ganas de nada. “era muy común ver personas armadas, ya fuera un integrante de cualquier grupo alzado en armas o simplemente un soldado, un policía”, dice Esteban. 

Es difícil comprender el por qué esos que se hablan de hermanos se enfrentan en una guerra; que entre sus manos tengan armas con las que en un segundo son capaz de asesinar a otra persona sin saber lo que tenga que pagar bien sea en esta o la otra vida. 

Se me vienen a la mente imágenes recreadas que yo no viví, siento el miedo y la tristeza de Esteban en esos momentos, el grito que se guardó en el camino mientras corría a contarle al resto de la familia lo que pasó con el jefe del hogar.  

Me dan ganas de pensar que el lector cree que eso de sanar es un proceso fácil que se hace soltando dos párrafos en una historia escrita, que el traspaso a la historia que sigue a continuación se cura con decir que ya, que todo eso está perdonado.

Volvamos a la historia de aquel niño inquieto, que pasaba por el atrio del templo… si ese mismo que tratamos de insoportable. Su cercanía con la iglesia hizo que él se fuera superando y de a poco fue, por decirlo así, sanando todo eso que se robó su inocencia.

Su hermano Alexander comenzó a trabajar como sacristán en la parroquia y ese factor hizo que Esteban hiciera parte del grupo de monaguillos que ayudan a los curas. Su adolescencia se dividió entre estudios y ayudar en la iglesia.  

Aprendió todo lo relacionado con la iglesia; tanto así que se llegó a convertir en quien, hacia los remplazos en la sacristía. “En ocasiones cuando tenía ratos libres después de salir del colegio o así los fines de semana, me iba para los lados de la parroquia y pues por allá le ayudaba al conductor de la parroquia a lavar el carro y me fui inquietando por aprender a manejar carro, pero no podía hacer ese trabajo porque era menor de edad”.

El amor, la mejor medicina

Esteban terminó sus estudios de secundaria, y se le presentó esa oportunidad que tanto había esperado, ser el chofer que transporta a los sacerdotes, también logró conquistar esa muchacha que tanto le gustaba; con la que había compartido aula de clase durante los últimos años. Entonces nuestro protagonista comenzaba a ver como la vida le sonreía. 

Pero de repente, le comenzaron unas molestias no muy comunes. Había veces que le daban dolores en su testículo izquierdo, pero se los aguantaba por pena, y creía que sería algo pasajero… pero no, el dolor se fue intensificando hasta que finalmente decidió ir al hospital. 

No era suficiente con lo que había pasado en su infancia, pues al parecer se veía venir algo más, que hará de esta historia algo de no creer. Después de muchos citas y exámenes, descubrieron que tenía cáncer en el testículo, pero antes de iniciar los tratamientos que le ayudarían a superar esta enfermedad, uno de los médicos que lo atendió soltó una frase irresponsable, irónicamente le dijo que se iba a morir… a Esteban lo invadió una risa nerviosa. 

Las palabras que años atrás se habían ahorrado los personajes que asesinaron a su padre, esta vez el médico se lo decía sin anestesia, como se dice vulgarmente. En el orden de ideas del que les hablaba inicialmente sobre las pruebas que le pone Dios a sus hijos, esta historia se me parece mucho a la de Abraham, aquel hombre del que habla la Biblia y que también fue puesto a prueba casi que toda la vida. 

Lo cierto es que él comenzó quimioterapias, con la noticia que después de esto no podría tener hijos, contrario a lo de Abraham, que Dios le promete muchos hijos y pues a Esteban le estaba quitando la esperanza de tenerlos. 

Entonces me detengo a pensar: Su novia es una mujer que está esperando pacientemente, con toda la humildad que esto se resuelva pronto, me imagino que, en sus múltiples charlas de novios, se imaginaron un futuro muy bonito en un hogar con hijos. Este es un amor de los que ya no se ve, una relación de pareja que me recuerda aquel vallenato que compuso Diomedes:

“Caramba esos muchachos si se quieren.
Pueda ser que Dios los guarde y la Virgen bendiga
el cariño que se tienen”.

Si el destino de ellos dos es casarse y estar juntos hasta que la muerte los separe, sería muy triste que de ese amor tan bonito que se brindan los dos, no nazca una criatura. ¿Cómo es posible que una pareja que se ve tan enamorada por las calles del pueblo no va a poder tener hijos? Igual debemos darle prioridad al tratamiento de Esteban para recuperarlo, porque parece que Dios al igual que cuando vio matar a su papá le va a dar otra oportunidad de seguir viviendo. 

Sin embargo, su novia nunca bajó la guardia y esta prueba la enamoraba más. San Pablo dice que el amor lo soporta todo y ella sí que sabe de eso y por eso ella nunca dejó de ser su apoyo.

Miguel Ángel Russo, es un técnico Argentino que ha dirigido varios equipos de futbol, entre ellos: Estudiantes de La Plata, Boca Juniors y otros más. Mientras dirigía a Millonarios de Colombia, superó un cáncer de próstata y luego de hacerse todo el tratamiento, en una rueda de prensa dijo: “todo esto se cura con amor”.

Mientras ese día escuchaba las declaraciones de Russo, me acordaba de ese amor que su novia le demostró durante todo este tiempo tan difícil y entonces comprendí porque Esteban se curó, fue gracias a ese amor que nunca se ha marchitado y que cada día crece. Después de su recuperación, le regaló un anillo en el que le pedía que le permitiera llevarla hasta el altar. 

El matrimonio y la grandeza de Dios 

Seguir hablando maravillas de esta pareja, sería redundar. Pues en renglones anteriores, les hablé de las pruebas y lo que han hecho para demostrarnos a nosotros los espectadores que todavía podemos creer en el amor.  

Dios es grande y arriba de él no vive nadie, antes de una dificultad manda primero la fuerza para superarla y por eso como si se tratara de un desafío a la ciencia, nuestros personajes luego de la bendición que los unió para siempre, nos cuentan que hay un bebé en proceso. Familia, amigos y allegados celebran.

Un niño es la prueba de que Dios todavía confía en el hombre y entonces Esteban y su esposa vuelven a verle la sonrisa a la vida. 

Para los creyentes, entre Dios ponga más pruebas, más va creciendo esa fe. Entonces aprovecha no solo para fortalecer al hijo sino también para que los que lo rodean vean el testimonio. Por ejemplo, para mí, Esteban es un campeón, nunca se ve renegando de Dios, al contrario, acepta todo esto con la mayor tranquilidad del mundo y confía plenamente en que el todopoderoso está con él y que nunca lo ha dejado.

Hay veces mientras re-leo esta historia para coordinar el hilo conductor, me detengo a pensar en la inmensidad de Dios y solo él es el creador de esta historia, nadie más. ¿A quién se le puede ocurrir tanto milagro en una sola persona? Esteban es el protagonista, el elegido. 

Pero la vida hay veces que sonríe y nos deja ver una dentadura torcida o mueca y pues para eso no hay odontólogo, lastimosamente no le podemos hacer un diseño de sonrisa. 

“Todo vuelve a ser sorpresa
cuando un niño va a nacer,
otra vida está llegando,
y seremos más de tres”.

La bebé esta hermosa, creciendo sanamente. Después nos enteramos que la niña que ya tiene 2 años, va a tener un hermanito.

Pero, así como el hermanito crece en la panza de su madre, también crece el cuento que a Esteban le hizo metástasis y que nuevamente tendrá que volver a realizar quimioterapias. No lo veo nervioso, no lo veo triste. Ya tiene más razones para luchar por la vida, viene otro integrante para la familia y precisamente su familia es la que lo llena de fortaleza y confianza. 

Esto solo podría pasar en un cuento. Si esto que usted está leyendo fuera un guion para una novela de televisión, les juro que en la parte del matrimonio simplemente hubiera escrito que vivieron muy felices y pondría punto final.

El segundo hijo de Esteban, al que llamaron Nicolás, ya tiene 2 meses de vida. Mientras tanto, él con el acompañamiento de su familia siguen caminando a la fase final de su recuperación. Próximamente iniciará las radioterapias para eliminar los residuos del tumor maligno que tuvo en su cuerpo, el que no le ha quitado las ganas de seguir apostando por la vida.

Cuando terminé de escribir, le pregunté a Esteban ¿Estas listo para más pruebas? Y me contesta “esta y las que se vengan”.

 

Con cariño: Yeison A. Giraldo @Pacho_Carlos

 

Granada, 9 de junio de 2020

 

 

 

 

 

 

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