Miércoles, 30 2020 Septiembre

Escuela de la vereda La Honda Escuela de la vereda La Honda

Letras que tienen voz

Escrito por  Sep 09, 2020

Por: Adriana María Arenas Ocampo (Julio/2015)

Granada Antioquia.

Mi vereda la Honda Arriba:

Hermosa y esplendorosa con sus paisajes deslumbrantes, cálidas aguas que nacen en las raíces de frondosos árboles en lo más alto de sus verdes montañas, donde las aves refrescan su canto, para entonar cada día la melodía que nos inspiraba a trazar en renglones de un viejo papel la canción que se convertía en poesía, para detallar la inmensidad del aire que cobija el paraíso, con sus flores de mil colores testigo fiel de los caminos que recorrí en una infancia inocente y alegre, en complicidad de mariposas que con su jugueteo, danzaban en la fantasía de mi diario vivir. 

Días de testimonio a los peregrinos de grandes pródigos del señor de los milagros, en la vida de quienes creen en él.

Una generación de niños, niñas, adolescentes en la que el tiempo transcurría con gran jubilo en el palpitar en nuestros corazones.

Quienes vivíamos allí, sabíamos la solidaridad de los vecinos, aquellos campesinos que, de su agricultura, la leche de sus vacas, y los mismos convites, ofrendaban a quien más lo necesitaba.

Anhelábamos compartir, con nuestros arrieros, arquitectos de nuestra identidad granadina, recursiva e ingeniosa, de dichos, refranes, coplas y trovas, con lo que las tardes eran amenas y agradables.

Escuchar las bocinas de la escalera, multicolor, de Santa Ana para viajar al pueblo, que, aunque estuviera a reventar de gente, nunca nos dejó, siempre nos llevó a nuestro destino.

Ansiábamos la escuela, para que la maestra nos enseñara a leer, escribir, y con sus diferentes actividades pedagógicas potenciara nuestras habilidades además de esculpir el artista nuestro interior. La espera para compartir en los charcos para sumergir las risas, la ramada de panela, para endulzar los espejismos, la fonda escenario de esparcimiento y disipación en las cuerdas de una guitarra, al interpretar las letras más profundas del alma.

La carencia material pasaba a un segundo plano, porque la mayor riqueza era el entorno natural, la libertad innata, la tranquilidad y simpleza con la que concebíamos los sueños para un futuro. En la vereda La Honda Arriba.

Pero….

Con sutileza y mucho tacto los pasos en botas irrumpieron el silencio de las noches, y los sueños empezaron a ser pesadillas.

Un monstruo llamado violencia no cesaba de caminar por las montañas, montes y carreteras, creando angustia e insomnio.

La neblina que viajaba por entre las cordilleras no traía brisa a cambio eran lágrimas. Poco a poco arrebato la calma y alegría de los granadinos. La incertidumbre era el pan de cada día.

Algunos de nuestros seres queridos les fue cegada la vida, desaparecieron sus ideales, secuestraron la tranquilidad de todo un pueblo y su huella los huérfanos, desaparecidos, asesinados, violencias sexuales.

Una población de arrieros, con mil sueños por cumplir, solo fueron eso sueños que convertidos en vestigios los granadinos y familiares de aquellos que partieron tratamos de cicatrizar poco a poco, pero sin lograr borrar de la memoria aquellos tiempos de insensatos acontecimientos de duelo, olvido y recuerdo.

Bastaron un par de zapatos puestos para emprender la huida, una caja de cartón amarrada con cabuya para que se salieras las dos mudas de ropa.

Zapatos que soportaron el empedrado camino, con pasos ágiles y temblorosos cada minuto avanzábamos y nos distanciábamos del terruño en el cual quedaba una historia de vida.

La voz baja y temblorosa de un padre que decía: no miren atrás. Van a estar bien.

Y una madre con sus ojos inundados de lágrimas, en medio del asombro de la incertidumbre que la invadía, guardó silencio. 

Luego abordamos un camión que en pocas horas nos llevó a una ciudad desconocida, e indiferente, urbe de cemento, aire contaminado y un ambiente de bullicio que aturdía mis oídos, no traía mis manos vacías porque en mi equipaje mental habían esperanzas, grandes metas por alcanzar, aprendizajes adquiridos que nunca se borrarían y me ayudarían a superar la adversidad …porque en mi sangre estaba la herencia colonial de mis ancestros campesinos, que orgullosa siempre lleve en mí, como una coraza que nadie podía arrebatar.

Nuestros padres lograron estabilizarse con una vivienda, alimento. Pero desconocía el sufrimiento que arrugaba mi corazón y aquella poeta, un día decidió guardar sus letras en un cajón de lo más profundo de su ser, el temor se apoderó, la desconfianza y la depresión. Pero que doloroso fue llegar al lado de gente que ignoraba nuestros sentimientos de desilusión, desarraigo y soledad. momentos de tristeza no comprendían la magnitud de mi dolor. Cada día perduraban en secreto los recuerdos, tan valiosos y mis mayores tesoros que celosamente guarde, ya que, a nadie, nadie entendía la magnitud del desastre emocional que me marco. No cesaron mis lágrimas frente a la impotencia de la injusticia que se vivía en mi pueblo de Granada, Antioquia. Sin noticias de mis seres queridos, pero intuía que sufrían y también la violencia había tocado sus puertas.

A pesar de un horizonte lejano en el que yo habitaba con anegación, mi intuición delataba un dolor profundo, sin testigos, sin sosiego que lograra apaciguar el llanto derramado por la absurda violencia que me desalojo del lado de los seres que realmente me querían, secuestraron años de compañía, apoyó y cariño,

Ajenos a un conflicto que arraso accionando. pérdidas humanas y materiales dejando todo a merced de los extraños que rodeaban el pueblo.

Violencia que no escogió, solo actuó, madres en espera de sus hijos presentían, les arrebataron sus vidas, derramaron su sangre, una de ellas es Anita, no sintió sus pasos, para dirigirse a ver a su hijo, pero su cuerpo frío, con su corazón inmóvil, le arrebataron de sus entrañas lo mas amado su único hijo, compañía y apoyo,

Hoy Anita Arenas está en espera un abrazo, un beso o un sincero te quiero para seguir soportando la ausencia sus palpitaciones del corazón ya no tan aceleradas, su mirada fija a quien llega a matizar su soledad mientras es la hora de su partida.

Plasmo en estas líneas para disipar un poco el dolor profundo del alma, que compartiéndolo quizás duela menos,la voz de quienes guardan silencio.

la memoria para que la historia no se repita.

Nunca más…

Un pueblo con partidas violentas a la eternidad….

Nunca más…

Un adiós por  desplazamientos o desapariciones.

Nunca más…

Heridas, físicas ,emocionales, psicológicas.

Nunca más…

Lágrimas que ahogan el dolor de un pueblo por ideologías,confusas y desconocidas.

Nunca más…….como homenaje a las víctimas de la violencia de Granada Antioquia.

Terruño de resiliencia ,solidaridad y paz.

 

Editor DesdeGranada

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