Sábado, 27 2021 Febrero

Recreando la celebración de la misa de fundación de Granada

Escrito por  Ene 30, 2021

Por: Faiber Salazar y Yeison Giraldo.

La vereda siempre conservó su nombre “Las Vegas”, pero no siempre tuvo la carretera que comunica al crucero, que hoy es un balcón desde donde se divisa la vereda La Cascada. Antes eran unos caminos casi que intransitables. Actualmente como si se tratara de aquellos primeros días, nuevamente llega mucha gente a este sector para seguir poblando la vereda y se pueden ver en el trayecto fincas lujosas que hacen de ella una de las más habitadas de Granada; tiene una carretera que está pavimentada en placa huella. Anteriormente y para ese tiempo era mucho más el frio en esa zona.

Sábado 31 de enero de 1807.

Se preparaban para la celebración de la primera misa las poco más de 800 personas que se habían asentado desde hacía algunos años en un lotecito llamado Las Vegas. Ese mismo terreno húmedo, en el que por allá en 1804 sus habitantes venidos de El Santuario, Marinilla y El Retiro ya habían construido una capilla, esperaba la visita del padre.

Unos cuantos Gómez, Giraldos, Tamayos y Alzates, terminaban de preparar el recibimiento al curita, que según sabían, venía desde Marinilla a lomo de mula.

Nadie se imaginó que ese pequeño asentamiento algún día alcanzaría a ser tan grande y poblado. Juan de Dios fue, por decirlo así, el primer alcalde. Tenía unos colaboradores que, junto con él, soñaban con construir un gran caserío y qué mejor manera de comenzar que con la bendición de Dios representada en el cura.

Mientras el padre viajaba desde Marinilla, todos los pobladores se reunieron para preparar lo que sería la primera misa. Fue así como ellos mismos hicieron una mesa improvisada que serviría de altar, unas flores que recogieron los niños en el camino sirvieron para adornarlo, fue algo muy sencillo… pero eso sí, con muchas ganas.

Don Juan de Dios Gómez de Castro fue quien divisó a lo lejos a un hombre de sotana y sombrero color negro que cabalgaba sobre un caballo blanco, y fue a su encuentro. Cuando ya estaban bastante cerca don Juan de Dios le gritó: “debe de ser usted el padrecito que viene a celebranos la misa. Camine, sígame y se toma un guarapito pa la sed, que me imagino debe de venir con calor, y si le provoca, de una vez almuerza”.

“Si señor, mucho gusto”, le respondió el padre. “Mi nombre es Jorge Ramón de Posada y soy quien va a celebrar la misa”.

Una vez se presentaron, el padre siguió a don Juan de Dios hasta una casa de tapia ubicada en un altico, mientras avanzaban en el camino, Juan de Dios le contó al curita sobre la llegada de los primeros pobladores y cómo había sido eso de poner la primera piedra. En eso llegaron a la casa, entraron y se sentaron sobre un baúl, frente a una mesa hecha de tablas rústicas y almorzaron.

El murmullo de las gentes afuera, cerca de la casa de don Juan de Dios, anunciaba que era el momento de dar inicio a la celebración, así que don Juan de Dios y el padre Jorge Ramón salieron de la vivienda hacia la capillita.

El padre en la homilía, auguró muchos éxitos para esta población que apenas arrancaba y aprovechó para dar unos consejos. Les pidió que trabajaran para seguir con ese proyecto adelante, y, enfatizó eso sí, en que nunca dejaran la mano de Dios.

Finalmente, y a pesar de las carreras para ultimar detalles de logística, todo salió bien aquel sábado y tras la celebración de la eucaristía, se empezó a escribir de manera oficial la historia de este territorio que amamos. Hoy 214 años después, el arraigo y sentido de pertenencia por nuestro terruño sigue trascendiendo de generación en generación.

Editor DesdeGranada

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