Yessica Giraldo es actualmente una joven con familia, que ha asumido con responsabilidad y compromiso los roles que la vida le ha presentado. Su etapa actual está marcada por el valor de los lazos familiares, el cuidado de quienes la rodean y la construcción de un entorno basado en el amor, el respeto y la estabilidad.
Por: Jeison A. Giraldo – Mazamorro.
Además de su vida familiar, se ha destacado por su participación activa en distintos espacios de comunicación. Atiende entrevistas con claridad y seguridad, demostrando una capacidad notable para expresar sus ideas y conectar con quienes la escuchan. Aunque hay veces se pone nerviosa, dice que – “Me han servido para sanar” – Asimismo, encuentra en la escritura una forma de reflexión y expresión personal, a través de la cual plasma pensamientos, experiencias y puntos de vista que enriquecen su voz y fortalecen su identidad.
Es una mujer resiliente, marcada por experiencias profundas que han forjado su carácter. Desde muy joven le ha tocado hacer preguntas difíciles, entre ellas preguntar por su padre, ausente a causa del conflicto armado. La extinta guerrilla de las FARC le arrebató a su papá, y durante varios años vivió la incertidumbre de no saber nada sobre sus restos. Esta ausencia prolongada, dejó huellas, pero también fortaleció en ella la capacidad de resistir, de buscar la verdad y de transformar el dolor en una fuerza que hoy la impulsa a seguir adelante.
Tuvo la oportunidad de conversar con Pastor Alape, quien fue integrante del secretariado de las FARC. Él estuvo presente en un acto de perdón que se realizó en Granada en septiembre de 2019, Yessica, recuerda que cuando terminó la eucaristía que se realizó ese día en el marco del protocolo, llegó a la puerta de la sacristía, por donde sabía que él iba a salir
– Necesito tener una cita con usted
– No es posible.
– Entonces entregueme a mi papá
– ¿Quién es tu papá?
– Un campesino que solo tenía dos hijos y yo necesito que me lo entregue.
– Yo le voy hacer llegar una lista de las personas que asesinamos en ese tiempo por aquí.
– Listo señor, cuando me lo entregue, hablamos de perdón.
A los meses, le hizo llegar una lista. Recuerda que aparecía el nombre de Jairo de Jesús Giraldo Jaramillo -“le dije a mamá, no mami ese no es papá” por el papá de ella se llamaba era Jair de Jesus y no Jairo como aparecía en la lista que le había hecho llegar Pastor Alape despues de esa conversación que habían sostenido.
Hoy la vida la ha puesto en un lugar distinto: responde con claridad y entereza las preguntas que le hacen en entrevistas, comparte su historia y presta su voz a otros. Sin embargo, cuando era adolescente, nadie le respondía a ella las preguntas que cargaba en silencio. Esa contradicción entre el pasado y el presente se convierte en una reflexión profunda: quien un día buscó respuestas en medio del dolor, hoy se ha transformado en una voz que acompaña, esclarece y da sentido, demostrando que incluso desde la ausencia se puede construir memoria, verdad y esperanza.
La historia que vive detrás de una mirada
Hay algo en los ojos de Yessica Giraldo que no pasa desapercibido. Son hermosos, divinos, pero no solo por su forma o su brillo, sino por todo lo que han visto y guardado en silencio. En ellos habita una mezcla de dulzura y fortaleza, como si cada mirada llevara consigo historias que no siempre fueron dichas, pero que aprendieron a quedarse ahí, esperando el momento justo para ser comprendidas.
Sus ojos han conocido la ausencia, la espera y la incertidumbre. Miraron el mundo siendo adolescente, buscando respuestas que no llegaban, preguntando por un padre del que solo había vacío y silencio. Aun así, nunca se apagaron. Al contrario, aprendieron a sostener la esperanza, a resistir el paso del tiempo y a mirar hacia adelante incluso cuando el pasado dolía demasiado.
Hoy, esos mismos ojos miran distinto. Miran con la serenidad de quien ha caminado largo y ha encontrado, al menos, una parte de la verdad. Miran mientras responde entrevistas, mientras escribe, mientras comparte su historia sin rencor, pero con memoria. En su mirada se refleja la mujer que ha aprendido a transformar el dolor en palabra y la pérdida en propósito.
Tal vez por eso sus ojos son tan bellos: porque no esconden lo vivido, porque no temen recordar, porque siguen abiertos al mundo a pesar de todo. En ellos se asoma una lección silenciosa pero poderosa: que incluso después de la oscuridad, la mirada puede seguir siendo luz.
Aunque los ojos de Yessica Giraldo cargan con miopía y astigmatismo, eso no les quita la belleza; al contrario, les da profundidad y carácter. Son ojos que, a veces, ven el mundo un poco borroso, como si la vida misma les susurrara secretos que solo ellas pueden descifrar. Cada mirada es un pequeño milagro de paciencia y fuerza.
Hay en ellos una lección silenciosa: no es la perfección lo que hace un ojo hermoso, sino lo que ha visto, lo que ha sentido y cómo sigue abierto al mundo. Son ojos que, aunque necesiten lentes para enfocar lo lejano, jamás han perdido la capacidad de mirar con claridad hacia el corazón de las cosas.