En un pequeño pueblo escondido entre las montañas del Oriente antioqueño vivían dos niñas que, si viajamos en el tiempo hasta el inicio de esta aventura, tenían apenas 10 años: Valeria y Kathe. Eran muy buenas amigas y, un día, estaban muy aburridas sin saber en qué ocupar su tiempo libre.
Por Kathe y Vale! Integrantes del colectivo de comunicaciones.
Fue entonces cuando Kathe recordó que su prima Nataly hacía parte de la radio, aunque ella, de manera inocente, se refería a esto como “ir a la radio”, cuando en realidad participaba en los semilleros de comunicación de la emisora Granada Stereo. Kathe le propuso a Valeria que fueran a una de esas clases a las que asistía Nataly. Valeria respondió con timidez:
—A mí me da pena.
A lo que Kathe contestó:
—Deje la bobada, allá se le quita.
Así, acordaron ir el martes siguiente.
Cuando llegaron a la emisora conocieron a un hombre curioso llamado Faiber, quien en ese entonces era el coordinador de Reporteritos. Después de esa primera clase, continuaron asistiendo a los encuentros todos los martes y jueves a las 3:00 p. m. Les gustó tanto la experiencia y se desempeñaron tan bien que fueron elegidas para realizar reportería en la asamblea de delegados y representantes de Cooingra.
Pasó mucho tiempo hasta que un día Faiber y María decidieron dividir el grupo en dos: el colectivo de comunicaciones y Reporteritos. Kathe, Vale y algunos de sus compañeros ascendieron al colectivo y, a la luz de hoy, en 2026, aún hacen parte de él, creando cada vez más recuerdos, risas y fortaleciendo los lazos de amistad.